miércoles, 16 de noviembre de 2011

Duerme conmigo, hija mía.

    Una historia y el colecho.

    Dos de enero de 2010. Ocho y diez de la tarde. Frío. Nació Aitana. Renacimos nosotros. Por ahora nos basta con esto para resumir. Y a lo que vamos. En otro momento relataré el parto. "Mi" parto. Porque me hubiera encantado ser mujer para sentirlo físicamente. Me hubiera encantado ser mujer para amamantar a mi hija. Me hubiera encantado ser mamá.

    No se la llevaron. Ya se lo habíamos avisado a todos: estaría siempre con nosotros. Ni baños, ni pruebas, ni nada. Siempre con su madre, mi mujer, pegada a su cuerpo, mamando de su pecho, sintiendo el calor de su segundo abrazo continuo. Su cuna, los brazos. Y no esa ridícula caja de metacrilato del hospital que parece un escaparate frío, lejano, desolador, sin calor, ni olor a mamá. Nos parecía extremadamente cruel. No pudimos dejarla ahí, impasibles, como el que se ha despojado de algo, cuando incluso fuera, estaba más unida a nosotros que dentro. Aitana dormía, mamaba, soñaba... abrazada a Sara. Y cuando no, a mí.

    Ya colechábamos en el hospital. Llegamos a casa y teníamos la cuna adosada a la cama. Calentamos las sábanas con un secador, pero el cuerpo de un bebé no tiene cuerpo para mantener la temperatura. Y así nos pasamos tres noches, de la cuna (sin una de las barreras, completamente pegada a nosotros), al centro de la cama. Hasta que nos dimos cuenta de lo absurdo. La cuna empezó a coger polvo y Aitana, Sara y yo, a disfrutar plenamente durante la noche.

     Mi hija no se dormía en un carrito: sólo lo hace en nuestros brazos. No duerme sola, escuchando la música de cualquier aparato infantil. Le cantamos nanas y le susurramos. No está sola en su cuarto (ahora tiene 22 meses y sigue durmiendo con nosotros, afortunadamente), siempre que abre los ojos está mamá y papá, o alguno de los dos, con una sonrisa dándole los buenos días. No llora: se levanta jugando. Se duerme abrazada a su teta y se da la vuelta cuando le apetece e incluso dormida me acaricia los vellos del pecho. -"Mamá e chero" - "Papá, e chero". Aitana nos quiere y nos lo dice cuando lo siente, poniéndonos la carne de gallina, un nudo en el cuello, un acelerador en el corazón. Nosotros la adoramos: es nuestra vida. Se da todo por un hijo. ¡Qué os voy a contar!




    Todo el mundo opina y se entromete en la crianza de los hijos. Nadie es capaz de espetarle a la cara al vecino lo que tiene que hacer con los muebles de su casa, dónde tiene que ir de vacaciones o qué coche comprarse. Pero sí le dice que coger en brazos a los niños, dormir con ellos, dejar que nos interrumpan, amoldarse a sus tiempos... es malo. Que los están "malcriando". Y a veces son los mismos que les dan bofetadas "pedagógicas", les enseñan a dormir con el método Estivill (¡cuánto daño hace este hombre!) y se sienten orgullosos de que sus niños son "buenos" porque se quedan sentados sin chistar cuando salen de fiesta, se lo comen todo, ya no los castigan (los niños ya saben lo que es el miedo y no se comportan como quieren precisamente por eso, no porque entiendan el porqué) y no sé cuantos comportamientos deseables (por esos padres) más.

    Déjenme que haga lo que quiera que yo no molesto a nadie y sólo hablo cuando me piden opinión. Déjennos felices con nuestra crianza, con nuestros aciertos y nuestros fallos, que ustedes, también los cometen.

     Es cierto que el colecho está contraindicado si los padres son fumadores o bebedores, si toman ansiolíticos, son obesos, si tienen apneas... Y si la cama no reúne ciertas condiciones de ubicación en la habitación (lo ideal es tirar el colchón al suelo y que no haya obstáculos por ningún lado). Y para una información detallada les recomiendo este libro .

    Antes de cerrar esta entrada, recordarles que el colecho debe ser consensuado por la pareja: es una opción que contribuye a la lactancia materna prolongada y la facilita durante la noche permitiendo el descanso de todos; disminuye el riesgo de muerte súbita en el lactante; sirve para continuar y afianzar el vínculo materno-filial; promueve la autoestima y la seguridad del niño; aumenta el desarrollo intelectual y cognitivo del bebé; actúa como factor termorregulador, por el calor corporal; permite la sintonía física y emocional entre los padres y el hijo; también que el bebé escuche el latido del corazón de sus padres... Y un largo etcétera.

    Para mí, es inconcebible dormir sin mi hija. Necesito su aliento cada noche. Me gusta respirarla, sentirla, acariciarla y ver cómo mama de la teta de su madre. No quiero que se vaya de mi cama, aunque sé que un día, por sí sola, querrá dormir en su habitación. Mientras, no sólo sueño con los angelitos, sino que duermo con uno.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Un padre no mima,una madre no malcría unos padres q quisieron serlo y ejendrar ese fruto fue lo mas grande q decidieron en su vida,q tanta satisfacciones les ha traído unos padres!!!!aman a sus hijos,adoran a sus hijos,y morirían y vivirían para morir otra vez por sus hijos!!!!!!cuanto de cuanto escribes lleva razón y son sabias tus deciones a los hijos se crían como ellos pauten y nosotros decidamos no hay hay pediatra,sicologo o catedrático q interfiera en dicha decisión .un saludo

Kiko Valle dijo...

Muchas gracias por tu comentario. Me alegra que cada vez haya más gente que piense como tú (y como yo) porque salen beneficiados los niños y los padres, claro está.

Un saludo y pásate de vez en cuando a leer y comentar, anónimo/a.

Gracias de verdad

Anónimo dijo...

Preciosa entrada. Espero que no dejes de este blog para que cuando Aitana tenga la edad suficiente pueda leer además de sentir lo mucho que le quieren sus papás además de sentirlo.

SHEILA M. dijo...

Hola Kiko:

Buenas exposición del tema que has elegido.
Supongo que si sigues con el blog, como dice arriba el compañero, tu niña se sentirá orgullosa al leerlo cuando pase el tiempo.

Buen trabajo Kiko.

Anónimo dijo...

Coincido contigo en cada palabra, en cada sentimiento y en cada gesto, ningún niño con 18 años duerme con sus padres, ellos marcan su ritmo, así que !!a disfrutar de la infancia!! es muy cortita. Mi niña de 5 años por ejemplo ya quiere dormir solita y yo la hecho tanto de menos :-((

Tamarasan

Kiko Valle dijo...

Espero darle continuidad al blog durante mucho tiempo y que mi hija pueda leerlo cuando tenga la suficiente madurez para entender en toda su dimensión lo que expreso. Como bien dices, es extrañísimo ver en circunstancias normales a alguien no ya de 18 años, sino de 14 o 15 durmiendo con sus padres, así que a disfrutar, claro que sí. Yo estoy temiendo que mi hija se haga mayor y ya no quiera estar durmiendo con nosotros, de verdad,

Gracias por vuestros comentarios. me alegra mucho que participéis y os guste.

Anónimo dijo...

Precioso, sentido y muy bien escrito. Ojalá hubiera cada vez más "cielos en la tierra" como esa cama de tres que describes. (Yo ya gozo de esa experiencia)

Marta

Laura Nogueras dijo...

Felicidades por esta entrada y por tu blog. Me gusta mucho conocer a un papá tan implicado y concienciado con su paternidad y con la crianza natural. Tengo un niño y una niña (de 34 y 8 meses, respectivamente) y están creciendo como vuestra pequeña: con teta, colecho, brazos, porteo...(¡y música clásica, que es lo nuestro!;)). Tanto mi marido como yo estamos encantados de criarlos así...porque para ellos es ideal...y para nosotros... ¡un gustazo!
Un abrazo

Kiko Valle dijo...

Gracias Anónimo o Anónima y gracias a ti también Laura.

Hace poco que estuve leyendo cosas muy interesantes del efecto Mozart y reconozco que aunque me gusta la música clásica, no suelo escucharla con frecuencia; sí de vez en cuando. He sido crítico de flamenco y es lo que me apasiona.

Yo entiendo la crianza de la forma en que me dicta mi sentido común y mis sentimientos y tras mucho leer sobre el tema, vi que (obviamente) se denominaba Crianza Natural. Y como bien sabes, hay que lidiar con los comentarios de la gente y andar dando explicaciones. A veces me sacan de mis casillas jeje.

Me alegro de compartir experiencias con familias que crían con apego.

Saludos y gracias por entrar y comentar

Gabriela dijo...

Ains que linda entrada, yo también duermo con mi angelita y en nada seremos cuatro en la cama, sabes, el olor de mi habitación es otro, es uno lleno de amor desde que nació mi hija. Su padre al igual que tú, disfruta de cada noche con ella. Ella lo abraza, lo "changa" le topa la barba y hasta se refugia en su pecho para no sentir el claro de la mañana y seguir durmiendo.

Nunca pensé que dormir con los hijos sería algo tan mágico! Enhorabuena por los que nos convencimos y por los que los disfrutaron, disfrutan y disfrutarán del COLECHO.

Me encanta tu blog!!!!!

Kiko Valle dijo...

Gabriela, dormir con mi hija es un privilegio. Mi habitación, mi casa y mi vida, huelen distinto desde que Aitana nació. ¡Cómo me identifico con lo que dices!

Gracias de nuevo.

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