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jueves, 8 de diciembre de 2011

Machismo y teta

 


    Si quieren verlo así, lo reconozco: soy un machista. Lo soy porque me encantaría que todas las madres estuvieran cuidando de sus hijos en casa como mínimo dos o tres años sin ver mermados sus ingresos, si es que antes trabajaban fuera del hogar. Y en el caso de que nuestro maldito Estado no aprobara la medida, que lo hicieran igualmente. Y en el caso de que no trabajaran antes fuera del hogar,  que recibieran una prestación. Sí, como antaño. El hombre (digamos hoy, la pareja, porque existen muchas lesbianas que conviven y tienen hijos) a trabajar y la madre en casa.

    Soy machista porque quiero que todos los pequeños del mundo puedan estar enganchados a la teta a destajo, sin horarios, a demanda y que madre e hijo disfruten del contacto piel con piel, del descanso, el juego, el amor. Que puedan consolar su llanto en el regazo de su madre, que crezcan juntos, rían, canten, bailen, se nutran juntos. Soy machista porque no quiero que una madre se separe de su hijo a los cuatro meses para dejarlo cuidar por familiares, amigos o en el peor de los casos, para aparcarlo en una guardería (si lo prefieren, escuela infantil, que suena más bonito). Me parece desgarrador, como si la desmembraran.

    Hay evidencia científica y estudios que avalan el hecho de que el hombre es una de las especies más dependiente al nacer. Incluso se hace referencia a nuestra evolución del mono, que camina a cuatro patas y luego alcanza el bipedismo, estrechándose en las hembras el canal del parto, por lo que no podrían alojar en su interior a un bebé lo suficientemente maduro y crecido sin provocarle la muerte en el parto. Digamos que necesita "nacer antes de tiempo", una "gestación exógena".

    En el útero está en un abrazo contínuo, con la temperatura idónea, correctamente alimentado, sintiendo a su madre, escuchando su latido incesante. Y cuando nace, viene "programado" genéticamente para sobrevivir y necesita madurar junto a ella todo ese tiempo que le falta. Se ha estudiado que la gestación debería durar en torno a quince meses. Y es curioso que la Organización Mundial de la Salud recomiende la lactancia materna en exclusiva "al menos" hasta los seis meses de edad. Hagan números: 9 (meses de gestación) + 6 (lactancia en exclusiva, brazos...) : 15. La niña bonita. Recuérdenlo.

    Pero ¿cómo va a dar de mamar a demanda una madre que trabaja fuera de casa al menos durante esos seis meses si a los cuatro ya se le acaba el permiso de maternidad? España es el culo del mundo en estas cuestiones. Hay países en los que son hasta varios años. Pero así vamos. Y no sólo se trata de alimentar con leche materna, que es lo mejor, evidentemente, y que se puede hacer extrayendo leche con sacaleches, almacenándola congelada y ofreciéndosela al bebé durante las horas que no está mamá en casa con vasitos, cuchara, jeringuilla... (lo hablamos otro día: biberón no); sino de que el niño reciba el calor y el contacto con quien lo ha parido, con quien lo ha llevado en sus entrañas, con quien forma parte de él y él de ella en una fusión vital.

    El Estado aporta supuestas medidas de conciliación del trabajo y la vida familiar. Retribuye con 100 euros mensuales a toda madre trabajadora como anticipo de la deducción por maternidad de la declaración de la renta. Que "todo el mundo sabe" que es para "ayudar" con los gastos de guardería o cuidadores del bebé. Está bien, no voy a criticarlo ahora con la que está cayendo (aunque puedo y lo haré en otro momento). Pero una medida real sería alargar el permiso de maternidad remunerado hasta los seis, nueve o doce meses (para empezar) y no callarnos la boca con 100 míseros euros hasta los tres años de edad. Así podrían cuidar ellas de sus hijos y no delegar esta función natural en desconocidos o familiares a los que no les corresponde, aunque probablemente lo harán encantados y con mucho cariño. Hay quien prefiere continuar su carrera profesional por vocación, un buen sueldo... y no pretende olvidar, aunque sea por unos años, los cruciales para el desarrollo del niño, en los que más necesita a su madre, su posición social porque le parece más importante que dedicarse a lo que la naturaleza ha previsto para ella: ser mamá: estar embarazada, parir, dar de mamar, criar y educar a sus hijos.

    Otra de sus "geniales" medidas es el permiso de lactancia. ¡Una hora al día! Y se creen generosos. La madre trabajadora puede optar por entrar a trabajar más tarde, salir antes, interrumpir la jornada... ¿Pero quién se cree que con una hora de permiso se puede mantener la lactancia a demanda? Aún así , muchas madres, casi lo consiguen. Si mamá estuviera en casa y papá trabajando, esto no ocurriría. ¡Machismo!

    Hay quien opta por la reducción de jornada de trabajo para el cuidado de un menor, que puede hacerse hasta los 8 años de edad del niño. Pero claro, la retribución disminuye en función del porcentaje de horas reducido. Y así, mil triquiñuelas tienen que hacer las que desean amamantar como se debe. Casi cuatro meses del permiso de maternidad, en torno a quince días si acumulan el permiso de lactancia, reducción de jornada, vacaciones y a veces excedencias (sin sueldo claro, la que puede permitírselo o la que ha sido muy previsora) para llegar a cinco o seis meses sin trabajar para cuidar de lo más importante de su vida: su hijo.

    Se dice que trabajamos para poder criar a los hijos, cuando lo que realmente se hace es dejar de criarlos para poder trabajar (esto lo leí en algún sitio). Queremos un tren de vida con lujos y caprichos innecesarios que enmascaramos como necesidades para nosotros y nuestros hijos y no es verdad. Otras veces, las familias hacen verdaderos esfuerzos simplemente para comer y pagar una hipoteca, no estoy hablando de estos casos, que los hay desgraciadamente y con la crisis, más. Lo que un niño necesita es a su madre. Y si está en casa, podrá alimentarse con teta; si papá trabaja, la madre también come. Y eso no es ser una mantenida. ¡Qué manido y rancio suena el término! Ya que ella mantiene con su pecho y cuida al hijo que ha venido al mundo fruto del amor de los dos y hasta puede (de hecho es así) que cuide la casa, la ropa, la comida de quien trabaja fuera... ¿Quién mantiene a quién?

    Y como siempre, me dejo en el tintero para no extenderme y aburrir, bastantes reflexiones sobre lo mismo: el dinero, las necesidades básicas del bebé y los padres, el trabajo, la calidad de vida, el tiempo de calidad, la opción de amamantar o no, el abuso de las prestaciones por quien no amamanta ni cuida a sus hijos, la mediocridad del Estado español, los problemas de la discriminación laboral de la mujer embarazada y madre... Pero yo no lo puedo remediar. Es que soy un machista en estos términos, si es que quieren verlo así, porque ya me lo han dicho a la cara unas cuantas veces y además, ni siquiera me sentí mal: me enorgullezco de ello. Con "mi machismo" y la teta, no juego

domingo, 18 de octubre de 2009

La teta gitana

   
www.flickr.com/photos/29174632@N00/1101531528

    Muchos se asombran al ver mamando a un niño de uno o más años, aferrado a su madre. Extraño me parece a mí verlos casi más pequeños en el Mac Donals y no increpo a sus padres. Sin embargo el público, a veces los familiares, osan a proferir el comentario, no sé si malintencionado o quizás envidioso - dependiendo de quién provenga - : “Se va a echar novia y seguirá pidiéndote el pecho”, “Con dos añitos y aún mamando ¡Por Dios!”. Todavía no he visto yo a un adolescente llorar por el pecho de su madre (aunque es probable que alguno tenga un recuerdo más que entrañable). Hay quien se habrá armado su lengua de prejuicios y un poco de “mala leche” (con perdón de la expresión, que ya sabemos sus connotaciones y lo poco idónea que parece si analizamos bien su fondo) y le han dicho: “Chiquilla, quítale ya el pecho, que pareces una gitana”. Si es así…


    Pues ¡Viva la teta gitana! Dichosas estas mujeres de piel morena que se adosan despernancados en el cuadril a su bebés, les dan de mamar donde les parece y les coge y los llevan a cuestas sin desatenderlos ni un minuto. Bendita la leche que mamaron y la que dan de mamar. Mi más profundo respeto y admiración por pasarse por el forro de las enaguas lo que diga la gente y escuchar su tradición y lo que le cuentan sus adentros: lo natural. Se me ocurre que el hermanamiento entre los de su etnia, el amor y la pasión a veces “exagerados” que muestran por los suyos podría tener incluso una relación directa con el lazo maternofilial que la mayoría crean en la etapa de la lactancia. Y si no fuera así: ¡Qué más da! Y quien quiera entender, que entienda.